Sinapsis
UN RINCON PARA LA CIENCIA Y LA CIENCIA FICCION
viernes, julio 30, 2004
 

MENTES DE METAL


Los robots jamás se rebelarán contra la Humanidad. Lo impide la Ley Cero de la robótica, formulada por Isaac Asimov (1920-1992) en la novela 'Robots e imperio' (1985). Dice que "un robot no puede lastimar a la Humanidad o, por falta de acción, permitir que la Humanidad sufra daños". Se llama Ley Cero porque se sumó a las tres normas propuestas por el maestro de la ciencia ficción en 1942 en 'Sentido giratorio', un cuento incluido en el libro 'Yo, robot' (1950), y tiene prioridad sobre ellas.

Hasta que el escritor de origen ruso creó la robótica -la palabra aparece por primera vez también en ese relato-, los hombres mecánicos carecían de normas que guiaran su comportamiento, aunque llevaban ya un tiempo entre nosotros. Habían dado sus primeros pasos en 1921 en 'RUR', una obra de teatro de Karel Capek (1890-1938). Para bautizarlos, el dramaturgo había echado mano de la palabra checa 'robota', que significa 'servidumbre, trabajo forzado'.

Asimov se sentó a teclear su primera historia de robots el 10 de junio de 1939 y de su máquina de escribir salió 'Robbie', un tierno cuento sobre una niñera mecánica. Harto de relatos en los cuales eran una amenaza para el hombre o siervos que "se veían sometidos a crueles seres humanos", empezó a pensar en los robots "como en productos industriales construidos por auténticos ingenieros. Construidos con dispositivos de seguridad de modo que no pudieran convertirse en amenazas, y diseñados para realizar ciertos trabajos para los cuales no era necesario el Pathos".

Mandamientos de robots

"Así como los hombres recibieron sus diez mandamientos en unas tablillas de piedra y siguieron ignorándolos, los robots de Asimov tienen sus tres mandamientos programados en su interior, y no pueden desobedecerlos", dicen Peter Nicholls y Brian Stableford en 'La ciencia en la ciencia ficción' (1982). Establecen originalmente que un robot no puede dañar a un ser humano; que debe obedecer siempre al hombre, excepto cuando la orden entre en conflicto con la primera ley; y que ha de proteger su existencia, a no ser que hacerlo entre en contradicción con cualquiera de las otras dos leyes. Tras la incorporación de la Ley Cero, los robots pueden atacar a un hombre si así evitan un daño mayor para la Humanidad.

"El logro de Asimov -que no hay que olvidar- es que acaba con las hordas metálicas esclavizadas y con ese hombre mecánico siempre buscando el hacha más cercana, que predominaron hasta el aburrimiento en las revistas de ciencia ficción hasta los días de Campbell", destaca el escritor y crítico Brian Aldiss en su libro 'Thrillion year spree' (1986). John W. Campbell, director de la revista 'Astounding Stories', fue quien sugirió las normas de la robótica a Asimov en una visita del joven autor a su oficina el 23 de diciembre de 1940.

Su publicación lo cambió todo. "Las tres leyes revolucionaron la ciencia ficción", recordaba Asimov en 'It's been a good life' (2002), su libro de memorias póstumo. Él escribió varias docenas de relatos, además de cuatro novelas policiacas protagonizadas por el robot R. Daneel Olivaw: 'Bóvedas de acero' (1954), 'El Sol desnudo' (1957), 'Los robots del amanecer' (1983) y 'Robots e imperio' (1985). Otros autores emplearon, sin citarlas explícitamente, las leyes en sus tramas. Así, en 'Instinct' (1952), un relato de Lester del Rey -buen amigo de Asimov-, la extinción del ser humano obliga a los robots a crear un hombre para servirle, porque ese es su objetivo vital.

Aparentes paradojas

Los cuentos de Asimov recopilados en 'Yo robot' y en 'Los robots' (1982) están basados en la aparente violación de las tres leyes impresas en el "globo esponjoso de platino-iridio" que es el cerebro positrónico de los hombres mecánicos. Así, dos técnicos encargados de la puesta en marcha de nuevos modelos se las pueden ver con un robot fanático religioso que considera al hombre un ser inferior y prescindible, lo que, paradójicamente, le convierte en el perfecto ingenio al servicio de la Humanidad. Y Susan Calvin, la robopsicóloga solterona que acapara el protagonismo en el primero de los libros, se enfrenta a los supuestos desequilibrios mentales de los robots con la razón, no a tiro limpio ni a la carrera.

En los relatos de Asimov, imperan el diálogo y la lógica sobre la acción, como en las novelas policiacas, en tres de las cuales R. Daneel Olivaw tiene un compañero humano agorafóbico, como el autor. "De todas las historias de robots que he escrito, 'El hombre bicentenario' es mi favorita y, creo, la mejor", sentenciaba el escritor en 1982. El cuento se llevó al cine en 1999, con Robin Williams encarnando a Andrew, un hombre mecánico que transforma su cuerpo hasta ser declarado humano.

Asimov creía que "nadie podría escribir una historia de robots estúpida si usaba las tres leyes". Él y Harlan Ellison prepararon en los años 70 del siglo pasado un guión de 'Yo, robot', con la idea de que fuera "la primera película seria, adulta y compleja de ciencia ficción". Hollywood rechazó el proyecto. Doce años después de la muerte del escritor, llega a las pantallas españolas un alarde de efectos especiales para lucimiento de Will Smith, en el que las leyes de la robótica no pintan nada por mucho que se utilice el nombre de Asimov como gancho.


LAS LEYES DE LA ROBÓTICA

Cero: Un robot no puede lastimar a la Humanidad o, por falta de acción, permitir que la Humanidad sufra daños.

Primera: Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño, a menos que tal acción viole la Ley Cero.

Segunda: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.

Tercera: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Formuladas en 1942 y 1985.


ROBOTS DE CINE

Maria. Arquetipo del androide, Maria (Brigitte Helm) es la réplica malvada de una joven que predica la esperanza entre los esclavos del subsuelo en 'Metrópolis' (1927).

Gort. Llega a la Tierra con Klaatu (Michael Rennie), en 'Ultimátum a la Tierra' (1951), para alertar del peligro atómico. En el relato original, el amo es el robot y el sirviente el humano.

Robby. Es el robot del doctor Morbius (Walter Pidgeon) en 'Planeta prohibido' (1956). Robby es capaz de sintetizar alimentos, habilidad que aprovecha un borrachín para hacerse con whisky. Su éxito le llevó hasta series como 'Perdidos en el espacio' y 'La dimensión desconocida'.

Huey, Duey y Louie. Son cajas con patas. Los robots de 'Naves silenciosas' (1972), encargados del mantenimiento de jardines espaciales, deben sus nombres a los sobrinos del Pato Donald, emiten pitidos y tienen emociones que expresan con sus movimientos.

R2-D2 y C-3PO. Son el gordo y el flaco de la saga iniciada con 'La guerra de las galaxias' (1977). R2-D2 es un robot astromecánico y C-3PO, de protocolo. Salpican de chistes los filmes y sacan de apuros a los héroes.

Roy Batty. "Más humanos que los humanos" es el lema de la firma de los replicantes de 'Blade runner' (1982). Roy Batty (Rutger Hauer) se hace preguntas metafísicas y, agonizante, salva la vida de su perseguidor, porque ama la vida por encima de todo.

Terminator. Empezó de malo y se pasó al bando de los buenos en las secuelas de 'Terminator' (1984). Antes de meterse en política, Arnold Schwarzenegger dio vida al exterminador inexpresivo del "Hasta la vista, 'baby'".

Data. Es el androide de la serie 'Star Trek: La Nueva Generación' (1987-1994) y de las películas de la 'Enterprise' del capitán Jean-Luc Picard (Patrick Stewart). Data (Brent Spinner) tiene un cerebro positrónico, en claro homenaje a los robots de Asimov.

Publicado originalmente en 'El Correo'.
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  • © Luis Alfonso Gámez, 2003.


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