Sinapsis
UN RINCON PARA LA CIENCIA Y LA CIENCIA FICCION
viernes, julio 18, 2003
 
La Tierra y la Luna vistas desde 8 millones de kilómetros de distancia. Copyright ESA.

VOLVER LA VISTA A CASA, CAMINO DE MARTE


La nave europea 'Mars Express' apuntó el 3 de julio su Cámara Estereoscópica de Alta Resolución (HRSC) hacia casa y fotografió a la pareja formada por la Tierra y la Luna desde una distancia de 8 millones de kilómetros, más de veinte veces la que separa a nuestro planeta de su satélite. La imagen demuestra, según los técnicos de la Agencia Espacial Europea (ESA), lo mucho que cabe esperar de esta sonda que despegó el 2 de junio del cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, y que llevará hasta Marte el 'Beagle 2', un pequeño laboratorio que se posará en Isidis Planitia y buscará rastros de vida. Cuando llegue al planeta rojo a finales de diciembre, después de un viaje de 400 millones de kilómetros, la cámara del orbitador cartografiará el mundo vecino con una resolución media de diez metros y una máxima de dos en las zonas de mayor interés. Entonces, la separarán sólo 300 kilómetros de su objetivo, la superficie marciana.
  - 00:07 - - Enlace permanente
jueves, julio 17, 2003
 

EL ÉBOLA Y LA CAZA HAN REDUCIDO A LA MITAD
LOS GORILAS DE GABÓN Y CONGO EN VEINTE AÑOS


Los árboles han ocultado durante años a los primatólogos, los biólogos que se dedican al estudio de los grandes simios, un "catastrófico" descenso en la población de gorilas y chimpancés en Congo y en Gabón que ha reducido el número de ejemplares a la mitad desde 1983. El declive de esas especies en su último refugio natural no había sido detectado antes por la asunción de que su supervivencia estaba garantizada mientras existiera la selva tropical, su hábitat. Como Congo conserva el 60% de su bosque y Gabón el 80%, se creía que los primates no corrían peligro. Nada más lejos de la realidad. Los biólogos han comprobado ahora que el ébola y la caza pueden empujar a nuestros parientes más cercanos al borde de la extinción en la próxima década.

"La cruda realidad es que, si no actuamos con decisión, nuestros hijos podrían crecer en un mundo sin grandes simios salvajes", advierte Peter Walsh, de la Universidad de Princeton. Walsh ha dirigido el equipo de científicos -entre ellos, la española Magdalena Bermejo- cuyo estudio alertó a comienzos de abril en 'Nature' de la amenaza a la que se enfrentan gorilas y chimpancés. Los expertos recomiendan a la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) que considere a ambas especies como 'gravemente amenazadas' -están clasificadas como 'amenazadas'-, ya que "pueden sufrir una reducción de al menos el 80% de ejemplares en diez años o tres generaciones".

Contar nidos

Una estimación de 1995 cifraba el número total de gorilas en África occidental ecuatorial en 110.000 individuos, pero asumía -ahora se sabe que erróneamente- que allí donde hay bosque están esos animales. Para hacer un censo fiable, Walsh y sus colaboradores se metieron entre 1998 y 2002 en la selva de Gabón a contar los nidos en los que estos simios pasan la noche. "Se calcula que en Gabón y la República de Congo vive el 80% de los gorilas y la mayoría de los chimpancés", destacan en su artículo. Lo que descubrieron, tras comparar sus datos con los de un rastreo similar realizado entre 1981 y 1983, es un "descenso en la población de simios del 56%".

Walsh y su equipo han confirmado que las dos principales amenazas para estos primates son el ébola y la caza. Su estrecho parentesco con nosotros les hace susceptibles a enfermedades humanas como la fiebre hemorrágica, cuyo último brote ya ha matado este año a más de 80 personas en Gabón y Congo. De ébola murieron en diciembre de 2002 seis gorilas de una misma familia a los que los primatólogos seguían la pista en Congo desde hace diez años. A la epidemia se añade la acción de los cazadores furtivos, que abaten a los grandes simios para alimentarse con su carne o comerciar con ella.

Publicado originalmente en 'El Correo'.  - 02:23 - - Enlace permanente
lunes, julio 14, 2003
 

"LA SAL MOVIÓ EL MUNDO COMO HOY EL PETROLEO"


El ser humano no fue consciente de la importancia de la sal hasta que empezó a cultivar la tierra. "Si la sudoración no es excesiva, parece que las personas que comen carne roja no necesitan un aporte complementario de sal", explica Mark Kurlansky. Cuando el hombre convirtió los vegetales en la base de su dieta, tuvo que empezar a conseguir sal, y no por capricho. El cuerpo humano tiene unos 300 gramos de sal, que han de reponerse continuamente. De lo contrario, podemos morir, ya que este elemento es clave para la propagación de los impulsos eléctricos en las fibras nerviosas. Sin embargo, aunque este mineral abunda en nuestro planeta, su extracción u obtención no siempre ha sido fácil.

El salero que no falta ahora en ninguna mesa fue durante milenios un lujo. "Hasta hace menos de un siglo, la sal movió el mundo como ahora el petróleo", dice Kurlansky. El escritor estadounidense presentó el 28 de mayo, en el marco de la Feria del Libro de Bilbao, 'Sal. Historia de la única piedra comestible' (Península, 2003), una obra a la que dedicó tres años de trabajo y en la que cuenta la relación del hombre con este mineral, desde las primeras comunidades agrícolas hasta que la piedra perdió de golpe todo su valor. "La sal fue muy valiosa y, rápidamente, dejó de serlo".

El principio del fin se data hacia 1810, cuando se sientan las bases de las conservas en lata y en frasco; la puntilla, en 1925, cuando Clarence Birdseye funda en Gloucester la primera compañía de pescado y marisco congelado. La sal pierde entonces el protagonismo a la hora de conservar alimentos.

Alimentos en sal

De los 14.000 usos de la sal -la mayoría de ellos, farmacéuticos e industriales-, ninguno ha influido tanto en la historia humana como el de la conservación. "La sal es la base del comercio de alimentos. Sin ella, no lo hay porque se pierden". Kurlansky cree que los primeros en salar carne y pescado fueron los egipcios, autores también de "la invención de otro alimento fundamental -la aceituna-, que se atribuyen prácticamente todas las culturas mediterráneas". Los antiguos egipcios obtenían la sal de la evaporación del agua de mar; los chinos perforaban la tierra para encontrarla y gravaban su comercio con impuestos para financiar sus aventuras bélicas.

La sal siempre ha estado ahí, esperando al ser humano; pero éste no ha dispuesto hasta hace poco de los medios para su producción o extracción en masa. Los romanos montaron toda una red de salinas y jugaron políticamente con el precio del producto. "Fueron los que mejor lo hicieron -mantiene Kurlansky-. Los emperadores bajaban el precio de la sal cuando necesitaban del apoyo popular. Si, como los chinos, tenían que financiar una guerra, le ponían un precio alto en todo el Imperio menos en Roma".

Desde los tiempos de los faraones hasta el siglo XIX, quien controlaba la sal controlaba el mundo. "Hace siglos, la gente hablaba de la sal como ahora del petróleo. En el siglo XVI, Isabel I de Inglaterra decía que era peligroso depender de la sal extranjera. En algún momento del futuro, un acontecimiento como la reciente guerra de Irak se verá como algo muy extraño, porque el petróleo habrá perdido su valor, como ha ocurrido con la sal". Al igual que el oro negro, la sal estuvo durante siglos en el origen de conflictos bélicos, de revueltas y de una intensa actividad económica.

Era el centro de la política mundial. Flotas de barcos y caravanas viajaban por el mundo cargadas de sal o de alimentos conservados en ella. Y los ejércitos dependían del mineral no sólo para conservar los alimentos, sino también para incluirlo en la dieta de sus caballerizas y del ganado. Los que peor gestionaron el producto, a juicio de Kurlansky, fueron los gobernantes de la Francia prerrevolucionaria, que machacaron a los más pobres con el impuesto sobre la sal, un gravamen que "fue declarado 'odioso' por la Asamblea Nacional el 22 de marzo de 1790", indica el escritor.

Pocas imágenes demuestran, en su opinión, el simbolismo que puede haber en la sal como la de Gandhi recogiéndola de orillas del mar de Arabia el 6 de abril de 1930. Los británicos habían prohibido a los hindúes rascar la sal de las salinas y habían elevado el impuesto sobre el bien básico más allá de lo soportable por los más humildes. Gandhi advirtió antes al virrey de India, lord Irwin, de que su movimiento independentista iba a comenzar "por la protesta contra esta injusticia". El resto es historia.

Pasado y presente

El libro de Kurlansky está salpicado de recetas y anécdotas. Muchas parecen increíbles en un mundo rebosante de sal en el que los más sibaritas no buscan ya la uniformidad -el gran logro de la firma americana Morton- ni la blancura del cristal, sino las impurezas en color y forma características de una elaboración artesanal.

En Europa, minas como la polaca de Wieliczka y la austriaca de Dürnberg son ahora un rentable negocio turístico. Y, al otro lado del Atlántico, la extraordinaria estanqueidad de los depósitos de sal ha unido a los motores del mundo pasado y del presente: "Estados Unidos cuenta con una reserva de emergencia de petróleo escondida en yacimientos de sal", destaca Kurlansky.


CURIOSIDADES

El caviar. Este alimento ha seguido un camino contrario al de la sal. "Al principio, el caviar era una comida barata que sólo consumían los pescadores", explica Kurlansky. Los filetes del esturión eran, por el contrario, un manjar reservado a los reyes. En el siglo XIX, el caviar se ponía en los bares estadounidenses como ahora los cacahuetes, gratis, para "despertar la sed del cliente", y en la Rusia de los zares se usaba para salar la 'choucroute'. Los soldados británicos que lucharon en la Primera Guerra Mundial llevaban en sus mochilas latas de caviar prensado, un producto que detestaban, afirma el escritor estadounidense.

La salsa de Tabasco. No es mexicana; es estadounidense. Su inventor fue Edmund McIlhenny. Este hacendado cultivó hacia 1866 pimientos de Chile en la isla de Avery, al sur de Louisiana, y el resultado fueron unos frutos "excepcionalmente picantes". Mezcló los pimientos con sal del subsuelo de la isla -"reposa sobre un lecho de sal gema"-, añadió vinagre francés de vino blanco y puso el producto a la venta como 'Salsa de Petite Anse', tal era el nombre original de la isla. Sus parientes se enojaron por el uso del nombre familiar y lo cambió por 'Salsa de Tabasco', en alusión al Estado mexicano famoso por sus pimientos picantes.

El 'ketchup'. La popular salsa de tomate estadounidense nació como una salsa de anchoas saladas en el siglo XVII en el Reino Unido. Se llamaba 'garum', como una de las salsas de sobras de pescado inventadas por los romanos. El 'ketchup', 'katchup' o 'catsup' -como se conoce ya en el siglo XVIII- "toma su nombre de la salsa de soja y pescado 'kepac ikan', originaria de Indonesia", afirma Kurlansky. Se convertirá en una salsa de tomate antes de 1782, año a partir del cual se hablará en América del 'ketchup' de tomate, explica el autor, quien fecha en 1812 la primera receta publicada de este producto.


EL PERSONAJE

Mark Kurlansky nació en Hartford (Connecticut) en 1948. Tras una época en la que se dedicó a escribir teatro, acabó en los fogones, "como cocinero y pastelero, para ganarme la vida". Autodidacta, tras publicar varios reportajes en medios estadounidenses, en 1974 viajó a España para escribir una historia sobre la oposición al régimen franquista. En 1978, se instaló en París y empezó a trabajar para 'The International Herald Tribune', cuya crítica gastronómica, Waverly Root, le demostró con sus textos que es "posible escribir sobre comida de una manera inteligente y divertida". Tiene una columna en la revista 'Food and Wine' y es autor de varios libros, entre los que destacan 'El bacalao. Biografía del pez que cambió el mundo' (1997) y 'La historia vasca del mundo' (1999). Vivió varios años en México y, en la actualidad, reside en Nueva York.

Publicado originalmente en 'El Correo'.  - 01:37 - - Enlace permanente
domingo, julio 13, 2003
 

UN ANILLO PARA GOBERNAR LOS VIENTOS


Saturno protagonizó el 5 de junio la portada de la revista 'Nature', gracias a cuatro astrofísicos españoles. Un equipo de la Universidad del País Vasco (UPV) formado por Agustín Sánchez Lavega, José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos ha descubierto que los vientos huracanados del ecuador del planeta anillado se han frenado bruscamente. Y el fenómeno no puede comprenderse con ninguno de los dos modelos que manejan los astrofísicos para explicar los sistemas de vientos de los planetas gigantes. "No solucionamos nada; ponemos incógnitas", ha manifestado al autor Sánchez Lavega, cuyo grupo baraja una posible explicación al enigma: que sea la sombra de los anillos la que frene los vientos.

"Uno de los mayores misterios en las ciencias atmosféricas es por qué en Júpiter y Saturno hay vientos alternantes hacia el Este y el Oeste según vas de los polos al ecuador", precisa Sánchez Lavega. En la Tierra, la energía del Sol es la que principalmente empuja los vientos; en los planetas gigantes -Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno-, a la débil radiación solar se suma otra fuente de energía: el calor que escapa de su interior. Saturno se encuentra a 1.400 millones de kilómetros del Sol -casi diez veces más lejos que la Tierra- y la combinación del calor interno y la radiación de la estrella apenas supone el 1% de la energía solar que llega a nuestro planeta. "Sin embargo, los vientos soplan allí con una intensidad diez veces superior".

Saturno y Júpiter son "enormes bolas de gas compuestas fundamentalmente de hidrógeno y helio", tienen vientos muy fuertes y, además, en el ecuador circulan hacia el Este -en el sentido de la rotación-, "al contrario de lo que ocurre en el resto de los planetas". Ni la alta velocidad ni el sentido de esas corrientes de chorro ecuatoriales -"nadie sabe por qué van hacia el Este"- encajan en los dos modelos teóricos para los sistemas de vientos de esos mundos: que se extiendan hasta mucha profundidad porque se alimenten, sobre todo, del calor interno o que se limiten a una delgada capa superior al estar gobernados por la radiación solar.

A tiro del 'Hubble'

Una forma de comprobar la idoneidad de los modelos es analizar el comportamiento a largo plazo de los vientos. Se sabía por estudios anteriores que los de Júpiter son estables -"no cambian con las estaciones"-, por lo que Sánchez Lavega y su grupo han vuelto la mirada a Saturno, un mundo con 95 veces la masa de la Tierra. El gigante tiene un ciclo estacional muy largo -un año dura lo que treinta terrestres- y la sombra de sus anillos deja en la oscuridad partes del ecuador durante cortos periodos de tiempo. "¿Mostrará Saturno cambios en los vientos ecuatoriales por el bloqueo de la radiación solar debido a los anillos?", se preguntaban los astrofísicos de la UPV a mediados de los años 90.

Cuando en 1980 y 1981 las naves robot 'Voyager' pasaron cerca del planeta, los vientos ecuatoriales corrían a 1.700 kilómetros por hora. El máximo en la Tierra es el de los huracanes: 370 kilómetros por hora. Sin ninguna sonda exploradora en las proximidades de Saturno para medir la velocidad de sus vientos, los investigadores recurrieron a la cámara planetaria de alta resolución del 'Hubble'. Richard French, de la Escuela Universitaria Wellesley (Massachusetts, EE UU) y quinto firmante del artículo de 'Nature', se encargó entre 1996 y 2002 de fotografiar el planeta con el dispositivo del telescopio espacial.

"De Saturno se conoce muy poco porque detectar detalles nubosos en su atmósfera es muy difícil. Hay una niebla que cubre prácticamente todo el planeta y los detalles nubosos apenas destacan", explica Sánchez Lavega. Lo habían intentado antes mirando a través de los más potentes telescopios terrestres; pero no habían conseguido ver nada, "salvo cuando había una gran tormenta". Así que, a la espera de que la sonda 'Cassini' llegue a Saturno a mediados de 2004, los científicos españoles echaron mano de la cámara planetaria del 'Hubble', "la única con resolución suficiente para ver cosas en Saturno".

Cuando hace unos meses analizaba en su despacho de la Escuela de Ingenieros de Bilbao las estructuras de pequeñas tormentas cuyo movimiento revela la fuerza del viento, Sánchez Lavega se sorprendió tanto que llamó inmediatamente a uno de sus colaboradores para que comprobara sus cálculos. No había errores. La comparación de los perfiles de vientos -cómo cambian de velocidad de Norte a Sur del planeta- de las 'Voyager' y del 'Hubble' demostraba que la corriente de chorro ecuatorial se había frenado en un 42%: de los 1.700 kilómetros por hora de hace veinte años, ha pasado a unos 1.000 kilómetros por hora, mientras que los vientos de fuera del ecuador siguen a las mismas velocidades que a principios de los años 80.

La sombra de los anillos

El hallazgo de los investigadores españoles en Saturno cuestiona los dos modelos actuales para explicar la circulación atmosférica en los mundos gigantes. "Creyendo que los vientos de Saturno son estables -como los de Júpiter-, unos astrofísicos piensan que el continuo calor interno mantiene el movimiento de la masa atmosférica, que, como es tan grande, es muy difícil que registre cambios. Pero nosotros los hemos visto, y muy bruscos. Otros colegas creen que estos planetas son cómo la Tierra y que es el calor del Sol el que mueve los vientos. Para que eso suceda, el calor del Sol se tiene que depositar en una capa muy estrecha, pero ¿cómo se olvida uno de que por debajo hay materia en ebullición?".

Las simulaciones informáticas del 'modelo terrestre' para un planeta del tamaño de Saturno han dado además resultados discrepantes con la teoría. "Se forma alguna que otra corriente alternante, pero los vientos ecuatoriales van hacia el Oeste -no hacia el Este- y no hay cambios estacionales. Si no es el ciclo estacional, ¿qué puede provocar esos cambios?".

El grupo de Sánchez Lavega apunta a los anillos de Saturno, una faja de un millón de kilómetros de anchura formada por pedazos de materia congelada. "En el ecuador, su sombra se mueve arriba y abajo, provocando que haya zonas que pasen bruscamente del día a la noche. Creemos que la sombra de los anillos es la culpable del cambio de velocidad en los vientos", argumenta el científico, quien espera confirmar los resul-tados en otoño de 2003 con el 'Hubble' y en 2004 con la nave 'Cassini'. Por de pronto, estos científicos han puesto en cuestión las teorías sobre los motores de la circulación atmosférica en los planetas gigantes.


SATURNO VUELVE A COLOCAR A LOS ASTROFÍSICOS VASCOS EN LA ELITE

"Después de muchos años de trabajo, nuestro equipo tiene el olfato para detectar aquello que es de interés para la comunidad científica", dice Agustín Sánchez Lavega. Él y José Félix Rojas son profesores de la UPV y los dos únicos astrofísicos profesionales del País Vasco. Su grupo estudia las atmósferas de otros mundos por el afán de saber y porque, al no haber manera de crear un laboratorio atmosférico, la mejor vía para comprender lo que ocurre en la Tierra es ver lo que pasa en otros planetas.

Pocos científicos españoles han sido portada de la prestigiosa revista 'Nature'. Sánchez Lavega lo ha conseguido dos veces, ambas con estudios sobre Saturno. En 1991, la aparición de una gigantesca tormenta en el ecuador del planeta confirmó una predicción suya; ahora, su equipo ha descubierto que los vientos ecuatoriales de Saturno se han frenado bruscamente. Esas dos portadas, los artículos que han publicado en 'Science', 'Icarus' y otras revistas de prestigio, y su participación en la misión europea a Venus de 2005 no deben, sin embargo, llamar a engaño.

El grupo dirigido por Sánchez Lavega -formado por seis profesores y dos estudiantes- trabaja bajo mínimos. A pesar de sus indudables logros, el mayor quizá sea que hacen ciencia contra viento y marea. "El mérito ha sido llegar a donde hemos llegado con tan pocos recursos", admitía el investigador al autor en abril, cuando se confirmaba su inclusión en la misión 'Venus Express'. Ni siquiera han logrado que las autoridades de la Universidad del País Vasco reconozcan el área de conocimiento de Astrofísica, lo que ofrecería una salida a brillantes investigadores como Ricardo Hueso y Santiago Perez Hoyos.

Publicado originalmente en 'El Correo'.   - 03:19 - - Enlace permanente


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  • © Luis Alfonso Gámez, 2003.


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